IU lleva desde su fundación hace más de dos décadas reclamando una
reforma electoral con un objetivo tan simple como, al parecer,
imposible: que el injusto sistema actual de asignación de escaños
basado en una representatividad proporcional corregida se acerque a la
máxima democrática de una persona, un voto. Hasta ahora, nuestra
reclamación ha caído en saco roto. Hoy, al menos, hemos logrado que se
abra un debate público sobre el asunto y que éste pueda trasladarse al
Congreso. Lo afrontamos con responsabilidad, no exenta de un razonado
escepticismo basado en años de bloqueo de los dos grandes partidos, que
son los más favorecidos por el sistema actual.
Ha hecho falta
que los resultados de las últimas elecciones evidenciaran que IU
-tercera fuerza en votos, pero sexta a nivel parlamentario- necesitó
casi 500.000 votos para lograr cada uno de sus dos escaños con el fin
de agitar las conciencias de esos mismos que en privado nos dan la
razón, pero que están muy cómodos logrando sus diputados con 67.000
votos.
Tenemos sobre la mesa una propuesta para corregir la grave distorsión
que sacraliza este sistema. A quienes apoyan a ultranza el actual
modelo alegando la estabilidad que proporciona, eso sí, sin explicar
que es a costa de una tercera formación, les decimos que la reforma que
proponemos no perjudica a nadie. Apostamos por la mayor
proporcionalidad que lograría una circunscripción de restos donde vayan
los votos que no han sido computados en cada circunscripción tras
asignar los escaños, además de ajustar el número de diputados asignados
por provincia a la población de la misma.