miércoles, 19 de septiembre de 2007
ANÁLISIS / LAS TRAMPAS DEL LENGUAJE ECONÓMICO

Enrique J. Díez Gutiérrez , profesor de la Universidad de León.Autor de La Globalización Neoliberal y sus repercusiones en la educación

En la primera quincena de agosto se inyectaron 24.000 millones de dólares a los mercados en EE UU y 95.000 millones de euros a los europeos, obtenidos de los impuestos públicos. El presidente de EE UU salía a hacer declaraciones que “calmaran” la crisis en el negocio de las hipotecas de alto riesgo. Yo también pago una hipoteca. ¿Quién me va a inyectar alguna ayuda para pagar mi hipoteca? ¿Por qué a mí se me deja ‘libertad’ para pagar mi hipoteca? Si no pago me embargan mis bienes. Pero a las grandes empresas y firmas hipotecarias no se les da esta ‘libertad’. Este artículo, en una versión resumida, analiza dicha paradoja.

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Dibujo:PABLO PINO


Se dice popularmente que cuando debes un millón al banco, tienes un problema; pero que cuando debes cien millones, es el banco quien tiene un problema. Ésta es, en esencia, la clave que revela cómo funciona el mal llamado ‘libre mercado’. Porque no hay tal libre mercado. Es una falacia que, a base de oírla, repetida una y otra vez por determinados políticos y medios de comunicación, nos la hemos creído ingenuamente.

Cuando ‘los mercados’ tienen problemas, como los primeros días de agosto de 2007, no se les deja que ‘libremente’ los solucionen, como cuando tienen grandes beneficios y entonces sí que se reparten los dividendos ‘libremente’. Cuando se produce una crisis en los ‘mercados’ (eufemismo para designar a las grandes corporaciones multinacionales) aparecen las instituciones públicas que, con nuestros impuestos, inyectan enormes sumas de dinero para mantener su liquidez y los políticos más señalados y los dirigentes de esas instituciones hacen declaraciones públicas para calmar y serenar la crisis. ¿Por qué no salen cuando hay despidos masivos por parte de esos mercados? ¿Por qué no utilizan nuestros impuestos para solucionar los problemas que nos causan a los trabajadores y trabajadoras esos mercados que se ‘deslocalizan’ a países donde las condiciones laborales son todavía más degradantes?

Como ya advertía Kenneth Galbraith (1992)(del que se recomienda la lectura de su libro "La cultura de la Satisfacción") “cuando se trata de los empobrecidos, la ayuda y el subsidio del Gobierno resultan sumamente sospechosos en cuanto a su necesidad y a la eficacia de su administración a causa de sus efectos adversos sobre la moral y el espíritu de trabajo. Esto no reza, sin embargo, en el caso del apoyo público a quienes gozan de un relativo bienestar. No se considera que perjudique al ciudadano el que se salve de la quiebra a un banco. Los relativamente opulentos pueden soportar los efectos morales adversos de los subsidios y ayudas del Gobierno; pero los pobres no”. Por eso molesta tanto en Occidente que Venezuela destine el dinero público para los más empobrecidos y que se ‘despilfarre’ el dinero con las personas necesitadas, en vez de ‘invertirlo’ en las compañías trasnacionales que generarían más beneficios..., para los de siempre, claro.

Un dogma matizable

No hay ‘mercados libres’, salvo en la economía imaginaria. Cuando algunos políticos y medios hablan de libertad de mercados lo que menos existe son mercados libres, ya que todos los mercados son intervenidos, controlados, de tal forma que cuando se habla de libertad de mercado lo que se está diciendo es que no los controle el poder político, el sector público, sino que los controlen unas cuantas multinacionales, o los grandes centros de poder económico.

De hecho, esa supuesta devoción por el laissez faire, por el dogma del ‘libre mercado’, por este nuevo fanatismo religioso, desaparece cuando los intereses de los beneficiarios de la globalización se hallan en peligro. No sólo con la protección de las grandes compañías financieras cuando aparece una crisis, sino en todos los ámbitos: nos encontramos con políticas proteccionistas para los productos agrícolas y textiles, con subvenciones públicas a las empresas que han cometido errores desastrosos para evitar su quiebra y el despido de cientos de trabajadores y trabajadoras y con políticas militares de financiación a empresas de armamento. En todos estos casos se ha olvidado el libre mercado.

Indagando en esta “teoría del libre mercado que realmente existe”, un extenso estudio sobre las corporaciones transnacionales de Ruigrock y Van Tulder (1995) descubrió que “prácticamente todas las mayores firmas mundiales habían conocido una decisiva influencia de las políticas estatales y/o de las barreras comerciales sobre sus estrategias y posiciones competitivas”, y que por lo menos el 20% de las que aparecen en el ranking de la revista Fortune, no habrían ni sobrevivido como sociedades independientes de no haber sido salvadas por sus respectivos gobiernos, socializando las pérdidas, es decir, haciéndose cargo de ellas el Estado cuando tuvieron problemas.
Publicado por Otro_Santisteban @ 20:23  | INFORMACIÓN
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